Con identidad peronista

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En momentos en que los medios de comunicación replican los cuestionamientos de los ideales que constituyen la base de este gobierno, es que resulta sumamente imprescindible recordar el 24 de febrero de 1946 cuando Juan Domingo Perón triunfaba en las elecciones presidenciales,con el 53 por ciento de los votos a su favor y una participación que superaba el 83 por ciento del padrón electoral, por aquel entonces masculino. Su victoria fue la expresión de la Plaza de Mayo de 1945 que hasta entonces estaba marginada de lo político. Esta fecha entonces, constituye una bisagra que le otorgó al Estado un nuevo rol ante la sociedad.

Aquellas urnas consistieron en la interpelación del pueblo al rostro extranjero y europeo, la presentación de una nueva realidad humana que estaba siendo omitida e ignorada, una manifestación que contribuyó en la consolidación del pueblo y de la verdadera nación que refleja nuestra identidad. Expresiones que más tarde se refugiaron en la clandestinidad durante los 18 años de proscripción peronista, que perdieron significado para el período neoliberal de nuestro país, pero que recuperaron sus interlocutores con Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner al punto de tener que hacerle frente a sectores opositores que han intentado desestabilizar el gobierno olvidando cuáles son las bases que éste representa. Por ello remarco las palabras de nuestra Presidenta cuando hace pocos días expresó: «Les pido que abran los ojos. No hablo de conspiraciones sino de intereses de quienes quieren que unos estén subordinados y se enfrentan con gobiernos como éste, que no permite que le marquen la cancha.»

Forma parte de nuestro proceso de recuperación democrática mencionar los lugares desde los que hablamos y actuamos porque no hay expresión ni reclamo que no esté construido políticamente, en todo caso lo que suele no aparecer es una enunciación partidaria. La construcción de los partidos políticos constituye la más clara y explícita de las pronunciaciones, mientras que alrededor operan otros poderes económicos y mediáticos que sin requerir de la representación del pueblo imponen formas de entender lo social. En este escenario es necesario repensar la legitimidad que tienen para nuestra forma de gobierno las instituciones porque es en ellas donde existen los mecanismos constitucionales de control del pueblo.
En un año de elecciones y a días de dar inicio al período ordinario legislativo es necesario dejar en claro cuáles son los valores que perseguimos y representamos porque es la única manera de ser sinceros con nuestra ciudadanía, tal como lo realizó Juan Domingo Perón. De lo contrario estaremos pataleando por el té de ceylan del que hablaba Santos Discépolo.

“Resulta que antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Sobre todo lo chiquito. Pasaste de náufrago a financista sin bajarte del bote. Vos, sí, vos, que ya estabas acostumbrado a saber que tu patria era la factoría de alguien y te encontraste con que te hacían el regalo de una patria nueva, y entonces, en vez de dar las gracias por el sobretodo de vicuña, dijiste que había una pelusa en la manga y que vos no lo querías derecho sino cruzado.¡Pero con el sobretodo te quedaste! Entonces, ¿qué me vas a contar a mí? ¿Aquién le llevás la contra? Antes no te importaba naday ahora te importa todo.Yprotestás. ¿y por qué protestás? ¡Ah, no hay té de ceylán! Eso es tremendo. ¡Mirá qué problema! Leche hay, leche sobra; tus hijos, que alguna vez miraban la nata por turno, ahora pueden irse a la escuela con la vaca puesta.¡Pero no hay té de ceylán! Y, según vos, no se puede vivir sin té de ceylán. Te pasaste la vida tomando mate cocido, pero ahora me planteás un problema de estado porque no hay té de ceylán. Claro, ahora la flota es tuya, ahora los teléfonos son tuyos, ahora los ferrocarriles son tuyos, ahora el gas es tuyo, pero… ¡no hay té de ceylán! (Enrique Santos Discépolo – 1951).