Democracia, una construcción desde el diálogo con la sociedad

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Democracia, es una palabra cargada de sentido político que venimos construyendo desde hace más de 30 años ininterrumpidos desde el 10 de diciembre de 1983, lo que para nuestra historia no es un dato menor. Hoy, asistimos a un modelo de democracia vinculado a una forma de entender el Estado que interpela a la ciudadanía para reconocer sus derechos. Un Estado para todos, que fue recuperándose de la última crisis política, económica y social, y defendido a partir del 10 de diciembre de 2007 cuando Cristina Fernández de Kirchner asume por primera vez la presidencia para dar continuidad al modelo que fue elegido con el 51 por ciento de los votos. Democracia es entonces, el poder del pueblo para gobernarse, para construir su Estado, en palabras de Mariano Moreno, “la libertad de los pueblos no consiste en palabras, ni debe existir en los papeles solamente. Si deseamos que los pueblos sean libres, observemos religiosamente el principio de la igualdad”. Y es en este sentido hacia donde debemos continuar avanzando: ampliar las bases de la ciudadanía.

Atrás quedó el terror que esparcieron los heraldos negros de las dictaduras militares, el saqueo de los grandes capitales con la privatización del patrimonio social, la desesperación de la falta de trabajo y la pobreza de las políticas neoliberales que excluyeron a la ciudadanía. Hemos construido en los últimos años un modelo de Estado que interpela a la sociedad a través de la política a que manifieste sus demandas, que exprese sus insatisfacciones y que se enoje cuando así lo requiera sin ser reprimida, porque ello implica que la sociedad se responsabilice en la construcción de un modelo social.

La crisis de representatividad del 2001 nos dio a entender que es imposible pensar la política sin el diálogo con la sociedad, sino que ésta debe constituir un medio de construcción colectiva. En tal sentido, el proceso de de recuperación del tejido social que iniciamos a partir del 2003, dirigido por Néstor Kirchner, fue posible a partir de la participación y el consenso de los distintos actores sociales en la construcción de políticas públicas transversales. Debemos continuar fortaleciendo los mecanismos de expresión popular que constituyen la base de la democracia, con la misma intención que se amplió la ciudadanía política en los jóvenes o se cambió el marco normativo de los medios audiovisuales. Por lo tanto, el rol del Legislador requiere construir normas en relación a los cambios sociales y para ello es imprescindible escuchar a la comunidad como tarea diaria.

Vivir un estado democrático supone reconocer la igualdad en la diferencia, supone respetar, actualizar y crear constantemente derechos generando las condiciones de reconocimiento en cada momento histórico. En tal sentido, la democracia es una “invención continua” que debe inmiscuirse en los intersticios de la vida cotidiana, para que ella sea un estilo de vida de todos.