Memoria para la verdad, verdad para la justicia

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A partir del 2003, el 24 de marzo es un día por de la Memoria, la Verdad y la Justicia, y es un día necesario porque «los golpes de Estado padecidos por los argentinos han tenido una larga historia y nunca fueron solo protagonizados por militares. Sectores de la sociedad, de la prensa, de la clase política, tuvieron su parte cada vez que se subvertía el orden constitucional», expresó Néstor Kirchner a fin de apelar a la memoria para reconstruir las bases de una sociedad con principios democráticos y de justicia social. Sólo la memoria colectiva es capaz de atribuir sentido y responsabilidad a días de nuestra historia donde la política y los derechos humanos no eran una garantía. Tener memoria es la única manera de avanzar en la búsqueda de justicia social entendiendo que somos sujetos con opiniones y culturas diversas por nuestra condición humana.
Con la anulación de las leyes de impunidad, se avanzó en las investigaciones sobre las violaciones a los derechos humanos cometidos en la última dictadura militar y, desde el 2006, se empezaron a llevar a cabo los Juicios por la Verdad (30 años después de aplicarse la Ley de Punto Final que buscó disuadir las responsabilidades sobre los actos cometidos), considerando el “derecho a saber” de la sociedad que implica como contrapartida obligación del Estado. Desde 2006, cuando comenzaron los debates orales, unos 613 represores recibieron condena, y 95 recibieron penas durante el último año. En estos años se ha pretendido que los derechos humanos sean una garantía de la sociedad en su conjunto, ni del oficialismo, ni de la oposición, ni de la izquierda ni de la derecha, sino de la mismísima condición humana. Este posicionamiento en política de derechos humanos nos ubica como ejemplo de acuerdo a la ONU, en la región por el legado de información para avanzar en la investigación del Plan Cóndor, y frente al mundo por sostener los principios de verdad, memoria y justicia para reparar las masacres cometidas.
La tarea realizada ha implicado reconocer aquellos actores que a lo largo de la historia han defendido la cultura y los intereses de nuestro país por sobre las amenazas extranjeras, por lo que es necesario mencionar el esfuerzo de las organizaciones de derechos humanos que bajo contextos distantes a los que voy vivimos salieron a manifestar su verdad por las calles. Esto no quiere decir que hemos finalizado la tarea de reconocimiento y castigo a los culpables, puesto que a 39 años del golpe cívico-militar aún permanecen resabios de esos poderes fácticos en algunos sectores de nuestra sociedad, y la Corte Suprema de Justicia dio sobradas muestras de esto cuando este año desestimó las denuncias por delitos de lesa humanidad impulsadas por ex combatientes de Malvinas.
Hemos reivindicado el poder del Pueblo como el único capaz de organizarse para alcanzar un Estado que responda a sus intereses. Hemos avanzado en un proceso donde nos hemos concientizado como sujetos de derecho que tenemos la posibilidad de organizarnos. Por todos estos motivos, nos hemos propuesto seguir profundizando la democracia considerando la necesidad de recordar nuestro pasado para entender nuestras verdades, porque sólo a partir de ella accederemos a la justicia de la sociedad, y sólo por este camino podremos constituirnos democráticamente. En este propósito hemos logrado grandes avances que nos han demostrado que no hay terrores invencibles, sino que la política es la capacidad que tenemos todos para hacer a través de ella una sociedad más justa que se sustente en la fortaleza de sus lazos sociales. Así nuestra Presidenta ha expresado: “no me importan tanto las palabras necias como los silencios cómplices, quiero pronunciamientos claros respecto de este tema de los derechos humanos en todos los hombres y mujeres que quieren conducir la Argentina”.